Boletín de la Organización Mundial de la Salud

Educación y salud de los niños con pérdida de audición: la necesidad de los lenguajes de señas

Joseph J Murray, Wyatte C Hall & Kristin Snoddon

Las intervenciones médicas y educativas para niños con pérdida auditiva suelen adoptar un único enfoque de adquisición del lenguaje hablado mediante el uso de tecnología, como los implantes cocleares. Estos enfoques generalmente ignoran los lenguajes de señas, a pesar de que no hay garantías de que el niño adquiera fluidez en un lenguaje hablado. La investigación en niños que tienen un implante coclear y no usan lenguaje de señas indica que los resultados del lenguaje son muy variables y generalmente peores que los de sus compañeros sin problemas de audición. Por el contrario, los niños que usan el lenguaje de señas y tienen implantes cocleares se pueden desarrollar a tiempo de manera similar a sus compañeros sin problemas de audición, y también superan a sus compañeros con implantes cocleares que no usan el lenguaje de señas. Se ha demostrado que los lenguajes naturales de señas tienen los mismos beneficios neurocognitivos que el lenguaje natural hablado, a la vez que son totalmente accesibles para los niños sordos. Sin embargo, se estima que menos del 2 % de los 34 millones de niños sordos en todo el mundo están expuestos a un lenguaje de señas en la primera infancia. Por lo tanto, la mayoría de los niños sordos corren el riesgo de sufrir privaciones del lenguaje durante el periodo crítico de adquisición del lenguaje en los primeros cinco años de vida. La privación del lenguaje tiene consecuencias negativas para los dominios del desarrollo que dependen de la adquisición oportuna del lenguaje. Más allá de los efectos adversos sobre la educación de un niño, la privación del lenguaje también afecta a la salud mental y física de las personas sordas y al acceso a la atención sanitaria, entre otras cosas. Por consiguiente, se necesitan políticas acordes con la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad. Estas políticas garantizarían que los servicios de intervención temprana y educación incluyan el lenguaje de señas y programas bilingües en los que el lenguaje de señas sea el idioma de instrucción.