Oficina del Director General

Discurso de apertura de la Conferencia Mundial sobre Atención Primaria de Salud

Dr Tedros Adhanom Ghebreyesus
Director General

Astaná (Kazajstán)
25 de octubre de 2018

Gracias, Ministro Birtanov,

Su Excelencia el Primer Ministro de Kazajstán,

Su Excelencia el Viceprimer Ministro del Nepal,

Directora Ejecutiva del UNICEF,

ministros, Comisario de la UE,

excelencias, distinguidos invitados, señoras y señores:

En primer lugar, me gustaría expresar lo feliz que me siento por estar con ustedes esta mañana.

Deseo dar las gracias a Su Excelencia el Primer Ministro y al Gobierno de Kazajstán por su hospitalidad y por organizar esta reunión tan importante.

Me gustaría empezar respondiendo a la petición de Yana Panfilova. Ella dijo que necesitamos una cobertura sanitaria universal con servicios de calidad.

Estoy totalmente de acuerdo con usted, Yana, y eso es lo que estamos diciendo hoy aquí.

Lo único en lo que hacemos hincapié es la cobertura sanitaria universal, cuyo pilar es la atención primaria de la salud.

Por eso queremos asegurarle que apostamos por la salud para todos, por la cobertura sanitaria universal y por la calidad.

Y empezaré rindiendo homenaje a mi predecesor, Halfdan Theodor Mahler, cuyo segundo nombre coincide por cierto con el mío, quien falleció hace un par de años.

En la historia de la salud pública, el Dr. Mahler es una figura colosal.

Y también me gustaría reconocer la presencia del Dr. Sharmanov, que en 1978 fue el arquitecto de la atención primaria de la salud.

Me complace contar con la presencia de alguien que puede atestiguar lo que se sintió hace 40 años.

Estamos aquí en gran parte debido a la visión de estas personas notables y a la visión de los demás arquitectos de la Declaración de Alma-Ata.

Pero también estamos aquí porque debemos reconocer que no hemos logrado hacer realidad esa visión.

En lugar de la salud para todos, hemos conseguido la salud para algunos.

Por un lado, hemos hecho enormes progresos.

En los últimos 40 años, la esperanza de vida ha aumentado drásticamente;

hemos reducido la mortalidad materna en casi la mitad y la mortalidad infantil en más la mitad;

hemos cambiado la tendencia de la epidemia del VIH, las muertes por paludismo se han reducido a la mitad, y podríamos enumerar muchos más éxitos.

Sin embargo, los progresos han sido desiguales e injustos, tanto entre los países como dentro de ellos.

Todavía existe una diferencia de 31 años entre los países con las esperanzas de vida más cortas y más largas.

Algunas personas disfrutan de los beneficios de las tecnologías médicas de vanguardia, mientras que otras carecen de lo más básico.

Al menos la mitad de la población mundial carece de acceso a los servicios esenciales de salud.

Y cada año, casi 100 millones de personas se ven sumidas en la pobreza extrema por el costo que conlleva el pago directo de la atención de la salud.

En los cuarenta años transcurridos desde Alma-Ata, hemos permitido que la visión de la salud para todos se haya empequeñecido y diluido demasiado.

Nos hemos permitido centrarnos demasiado en la lucha contra enfermedades específicas, a expensas del fortalecimiento de los sistemas de salud.

Nos hemos permitido centrarnos demasiado en el tratamiento, a expensas de la promoción de la salud y la prevención de enfermedades.

Estamos aquí esta semana para hacer algo al respecto.

Estamos aquí para volver a comprometernos con la atención primaria de la salud como base de unos sistemas de salud sólidos y de la cobertura sanitaria universal.

La declaración que vamos a aprobar nos compromete a poner a las personas en el centro de la atención sanitaria, no a las enfermedades o afecciones.

Nos compromete a empoderar a las personas para que cuiden de su propia salud y la promuevan.

Nos compromete a tomar medidas en todos los sectores para abordar los determinantes sociales, económicos y ambientales de la salud.

Y nos compromete a construir una atención primaria sostenible, con servicios que satisfagan las necesidades de las personas a lo largo de toda su vida.

Excelencias, señoras y señores:

El viernes de la semana pasada tuve el honor de tener una audiencia con Su Santidad el Papa Francisco en el Vaticano.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para darle las gracias por su declaración a través de su embajador aquí presente.

Su Santidad afirmó lo que todos creemos: que la salud es un derecho humano de todas las personas, no un privilegio para quienes puedan permitírselo.

El mundo ha cambiado drásticamente desde 1978, tanto social, económica y políticamente como de muchas otras maneras.

Pero el derecho a la salud no ha cambiado.

Somos una sola raza humana. Compartimos la misma sangre, las mismas esperanzas y aspiraciones, y el mismo ADN.

Algunos de nosotros hemos nacido con privilegios. Algunos nacen con privaciones.

Algunos de nosotros tenemos grandes ambiciones, grandes sueños. Algunos solo sueñan con pasar el día, una cuestión de supervivencia.

Pero la única esperanza que todos compartimos es vivir una vida saludable.

La salud no debe ser el premio que se gana por subir a la cima de la pirámide.

Debe ser el regalo que se nos brinda a todos, el regalo que nos permite realizar nuestros sueños y desarrollar al máximo nuestro potencial.

Porque es un derecho humano fundamental.

La salud es la base para que las personas, las familias, las comunidades y las naciones prosperen.

Por eso es un derecho humano fundamental.

Y la atención primaria de la salud es la base de una mejor salud;

una atención sanitaria que se centre en la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, así como en su tratamiento;

una atención sanitaria que empodere a las personas para que se conviertan en participantes activos en el cuidado de propia salud, en lugar de ser receptores pasivos.

Lograr una atención sanitaria de este tipo es una elección política, pero la salud no es un juguete político.

La política debe ser siempre una herramienta para promover la salud, no para impedirla.

La pregunta con la que todos nos vemos confrontados es: ¿podemos hacer realidad esa visión?

¿Podemos tener éxito donde hemos fracasado antes?

Creo que la respuesta es un sí rotundo, y espero que estén de acuerdo conmigo. De lo contrario, no estaría hoy aquí.

Hoy veo tres razones para el optimismo.

En primer lugar, veo una nueva era de cooperación para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hace dos semanas presentamos en Berlín el Plan de acción mundial en pro de la vida sana y el bienestar para todos.

Hasta la fecha, 11 líderes de organismos de salud mundiales —incluido el UNICEF y otros presentes en esta sala— se han unido en apoyo del plan y se han comprometido a colaborar de manera estrecha en lugar de trabajar de manera fragmentada y desarticulada.

En segundo lugar, veo que existen nuevas tecnologías que nos ofrecen la oportunidad de acercar la información y los servicios sanitarios a todas las personas, desde aquellas que viven en las ciudades más grandes hasta las que viven en las aldeas más remotas.

Y, en tercer lugar, los veo a ustedes. Veo a las personas presentes en esta sala. Veo a las personas que he conocido en todo el mundo y que comparten el compromiso singular de lograr una mejor salud para ellos mismos, sus familias, sus comunidades, sus naciones y su planeta.

Ustedes son nuestra esperanza. Nadie más logrará hacer realidad la ambiciosa visión de la salud para todos. Depende de nosotros.

La historia nos retratará como la generación a la que se le dio una segunda oportunidad para lograr la salud para todos. ¿Se nos recordará por haber perdido esa oportunidad, o se nos recordará por que la aprovechamos?

Empecemos a escribir esa historia ahora. Hagámoslo posible.

Ayer predicamos con el ejemplo en lo que respecta a la actividad física. Ahora debemos hacer lo mismo respecto de la atención primaria de la salud, que es fundamental, y respecto de la cobertura sanitaria universal y una verdadera salud para todos.

El año próximo nos reuniremos en la Asamblea General de las Naciones Unidas con ocasión de la Reunión de Alto Nivel sobre la Cobertura Sanitaria Universal.

Es una oportunidad única para reunir a los líderes mundiales en apoyo de la salud para todos.

Insto a cada uno de ustedes a que utilicen su influencia, por pequeña o grande que sea, para velar por que su Jefe de Estado o de Gobierno esté allí.

Con todo, no tenemos que esperar al año que viene. Podemos tomar medidas ahora. Y deberíamos empezar a actuar ahora.

Cada uno de nosotros debe hacer todo lo posible para hacer realidad esta visión en su propia esfera de influencia.

Juntos, debemos aprender de los errores del pasado, aprovechar las oportunidades del presente y configurar el futuro que todos deseamos.

Debemos entablar un debate abierto.

Debemos escuchar las voces de los profesionales de la salud, los enfermeros, el personal de partería, los médicos y los cuidadores.

Debemos permitir que el coraje, las ideas y las innovaciones de los pacientes y las comunidades de todo el mundo nos inspiren.

Se producirá un cambio palpable si empoderamos a las personas y permitimos que tomen las riendas de su propia salud y de su atención sanitaria.

Debemos reorientar nuestros esfuerzos para garantizar que todas las personas en todos los lugares del mundo puedan disfrutar del más alto nivel posible de salud.

Excelencias, señoras y señores:

La raza humana es capaz de logros asombrosos y hechos terribles: desde explorar el universo hasta librar una guerra destructiva.

Ahora es el momento de cambiar la historia. Es el momento de actuar. Es el momento de lograr un mundo más sano, más seguro y más justo para todos.

Si eso es lo que queremos, lo que hace falta es un compromiso político, una elección política.

Y depende de nosotros.

Gracias, Rakmet.