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La violencia puede afectar a cualquiera

Dr. Etienne Krug, Director del Departamento de Prevención de la Violencia y los Traumatismos y Discapacidad

Comentario
10 de diciembre de 2014

Durante el tiempo que trabajé como médico en El Salvador, Mozambique, Nicaragua y el Sudán pude ver en directo el impacto devastador de la violencia y la destrucción que esta provoca en familias y comunidades.

Dr. Etienne Krug, Director del Departamento de Prevención de la Violencia y los Traumatismos y Discapacidad
OMS

Esos países se encontraban entonces en medio de guerras, pero muchos de los pacientes que traté en los hospitales rurales eran niños víctimas de abusos, mujeres golpeadas por sus parejas, muchachos jóvenes heridos en peleas o personas mayores abandonadas por sus familiares. También pude constatar el enorme impacto de esa violencia en el sector de la salud, que dedica mucho tiempo y recursos a afrontar sus consecuencias.

Mala salud de por vida

El daño que causa la violencia va mucho más allá del daño físico. La violencia provoca depresión, ansiedad y otros trastornos de salud mental. También contribuye a la aparición de cánceres, enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares y VIH/sida, pues las víctimas de la violencia a menudo tratan de hacer frente a sus experiencias traumáticas adoptando comportamientos de riesgo, como consumir tabaco, alcohol y drogas, así como con prácticas sexuales de riesgo. En ese sentido también, la violencia puede provocar una muerte temprana o mala salud durante toda la vida.

Cuando se ponen en perspectiva esas consecuencias sanitarias considerando el gran número de personas afectadas, se empieza a descubrir la enormidad del problema. Por ejemplo, una quinta parte de las niñas han sido víctimas de abusos sexuales; una cuarta parte de los niños han sido maltratados físicamente, y una tercera parte de las mujeres han sufrido, en algún momento de su vida, violencia física o sexual por parte de su pareja.

La violencia es previsible y prevenible.

“La violencia se puede afrontar de manera eficaz con iniciativas de salud pública muy parecidas a las utilizadas para controlar enfermedades.”

Dr. Etienne Krug, Director del Departamento de Prevención de la Violencia y los Traumatismos y Discapacidad

Ahora bien, no tenemos que ser fatalistas con respecto a la violencia, ya que es previsible y prevenible. Cuando trabajaba en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades me di cuenta de que la violencia se puede afrontar de manera eficaz con iniciativas de salud pública muy parecidas a las utilizadas para controlar enfermedades.

En 2002, la OMS publicó el primer Informe mundial sobre la violencia y la salud, que a día de hoy sigue siendo una de las publicaciones más vendidas de la OMS. Recientemente acometimos la tarea de evaluar cómo se han aplicado las recomendaciones de ese informe en el mundo entero, tarea que ha llevado a la elaboración del Informe sobre la situación mundial de la prevención de la violencia 2014. En este informe, para el que se reunieron y analizaron datos de 133 países (el 88% de la población mundial), se describe la situación actual de la prevención de la violencia interpersonal en relación con el maltrato infantil, la violencia juvenil, la violencia de pareja y sexual y el maltrato de personas mayores.

El número de homicidios está disminuyendo a nivel mundial

Las conclusiones del informe me parecen alentadoras; por ejemplo, en muchos países se habla ahora de la violencia como problema de salud pública, y cada vez son más los países que están elaborando y aplicando programas y leyes para la prevención de la violencia y estableciendo servicios para las víctimas. Las estadísticas indican que se está avanzando en la buena dirección. El número mundial de homicidios, que asciende a 475 000, sigue siendo inaceptablemente alto, pero supone una disminución de un 16% con respecto a la cifra correspondiente a 2000, y en los países de ingresos altos ese descenso es aún mayor, pues se sitúa en un 39%.

Ningún país puede dormirse en los laureles

Ahora bien, queda mucho por hacer. Para el informe sobre la situación mundial se examinó la ejecución de 18 programas de prevención de la violencia considerados «inversiones óptimas», una decena de leyes relacionadas con la prevención de la violencia y diversos servicios para las víctimas de la violencia con que todos los países deberían contar. Se concluyó, por ejemplo, que solo una tercera parte de los países han puesto en práctica los 18 programas de prevención, como los de desarrollo de aptitudes para la vida para prevenir la violencia juvenil, de educación de los padres para prevenir el maltrato infantil y de apoyo a los cuidadores para prevenir el maltrato de personas mayores.

También se determinó que, aunque la mayoría de los países cuentan con disposiciones legislativas para la prevención de la violencia, solo la mitad de ellos han informado de que esas leyes –sobre la violación, la violencia doméstica, las armas en las escuelas o el maltrato de personas mayores– se aplican plenamente.

Por último, aunque se reconoce de forma generalizada que los servicios de salud mental para las víctimas de la violencia son esenciales para atenuar las consecuencias a largo plazo de la violencia –incluido el riesgo de que las víctimas cometan a su vez actos de violencia–, menos de la mitad de los países han establecido servicios de ese tipo.

La OMS ha prestado ayuda a los países para reforzar su respuesta a la violencia, y es mucho el camino recorrido desde finales de la década de 1990. Espero que este nuevo informe, la adopción de la reciente resolución de la Asamblea Mundial de la Salud, los actuales esfuerzos para elaborar un plan de acción mundial y las deliberaciones en curso sobre los objetivos de desarrollo sostenible para después de 2015 contribuirán a situar las iniciativas nacionales e internacionales de prevención de la violencia en un nuevo nivel.